6/10/07

El rescate fallido del Monte Cervantes


Pasaron los años y Leopoldo Simoncini –dueño de la empresa Salvamar- adquirió el remolcador Saint Christopher.

Su idea fue la de recuperar de las aguas del canal de Beagle al Monte Cervantes, tarea que comenzó en el año 1943 luego de contar con los estudios técnicos de los ingenieros Offerman y Krakenhagen.

Durante 11 largos años de trabajo (algunos cuentan que fueron 14), los buzos de Salvamar lograron liberar el casco del Monte Cervantes de su varadura. Trabajaron junto al Saint Christopher tres buques de la Armada: el Chiriguanos, el Guaraní y el Sanavirón.

Entonces dividieron el buque en dos partes, le colocaron flotadores externos adosados al casco y entre los 4 remolcadores lograron sacarlo a la superficie. La idea era hacer zafar el casco de la varadura y remolcarlo a una posición cercana a la playa para poder enderezarlo sin riesgos.

Trataron de llevar el casco hacia la ciudad de Ushuaia, desgraciadamente una desafortunada maniobra quiso que el cabo de remolque del Saint Christopher se cortara a los 20 minutos de haber iniciado la travesía hacia la costa capitalina. Al soltarse uno de los flotadores el barco comenzó a hacer agua y se hundió para siempre en las frías aguas del Beagle.

Demás está decir que la empresa de Simoncini quebró, el remolcador Saint Christopher tuvo problemas de motor y de timón por lo que quedó fondeado durante 3 años en Ushuaia, para finalmente en enero de 1957 ser remolcado hacia la costa con la ayuda de camiones y quedar encallado para siempre.

Hoy en día es el invitado principal de cada foto que toma el visitante del fin del mundo.

Curiosidades:

Se cuenta que en muchas casas de viejos pobladores de Ushuaia se conservan objetos del barco hundido: jarras de plata, envases, fierros y una hélice de bronce que se exhibe en el museo.

En las operaciones de rescate se recuperaron los motores diesel y dínamos, los que se vendieron a empresas ubicadas en Zárate y Córdoba.

Hace unos pocos años unos buzos locales “redescubrieron” al Monte Cervantes, encontraron la superestructura con sus cubiertas, mástiles en profundidades que van de los 35 a los 45 metros. El casco se encontraría a una profundidad superior a los 100 metros al sur de los islotes Les Eclaireurs, más allá de los límites permitidos al buceo deportivo.

Cuentan que se puede ver allí abajo porrones de cervezas, botellas de vino, lámparas de bronce con sus tulipas de opalina, ceniceros y hasta sus dos chimeneas intactas.

En el libro de Enrique Inda “El tesoro del Monte Cervantes” se puede observar un facsímil con el menú que se les ofrecía el fatídico día de enero a los pasajeros: Fiambres surtidos, pescado en escabeche, ensalada de papas, omelette a la portuguesa; crema de apio en tazas, milanesas antárticas, pancitos vieneses, queso, frutas y café.

4 comentarios:

Baterflai dijo...

Buenísima historia!! Queremos máaaaaaaaaas!!!
Me encantan!!

Témpera Mental dijo...

jajajajaja

Me haces reir bater, hay más, se vienen en breve.

Al final esta islita está llena de historias ¿viste?

;-)

Dragonfly dijo...

Como me encnatas estas historias que tiene mucho de historia.

Besos ;)

venusina dijo...

jaja, sos nuestra reportera del culismundis. Muy buena la historia Tempe.